lunes, 30 de agosto de 2010

Waving the Break.

Pues nada, que acabo de ver una excelente película con gran fotografía y soundtrack (así es, Youko), enormes actuaciones, increíble guión y soberbia dirección. Una historia narrada al más puro estilo del Romanticismo, ese gran estilo literario de personal afición, pero de lamentable influencia sobre nuestras mentes de aquel invento moderno llamado amor.

¿Qué es el amor, sino otra cosa que no lleve tarde o temprano al sufrimiento? ¿Para qué vivir bajo esas llamadas reglas del corazón, si no es la mejor manera, si no es instintivo? Digo, hay mejores maneras de llevar ese sentimiento a cabo, pero no nos atrevemos a salir de lo cotidiano por miedo al rechazo social. Y no digamos religioso, como aquí nuestro tío Lars nos muestra de manera perfecta: condenación directa al infierno no sólo por la serie de eventos sexuales que mantuvo, sino por el simple hecho de hablar en un lugar en el que sólo a los hombres se les permite.

Y aún con este ataque al concepto del amor, (que supongo que todavía creo en éste, pero cada vez me alejo más y más del protocolo socialmente correcto), esta película me conmovió de principio a fin. Es increíble sentir todo el proceso que llevan a cabo cada uno de los sentidos para provocar el derramamiento de una lágrima. O dos. Creo que de alguna manera incluso llegas a oler cosas que no están ahí con tal de completar el recuerdo de la persona. Estúpido Lars von Trier.

Qué lindo sería poder simplemente rezarle a algún ser y controlar el destino de las cosas, por más egoísta que esto suene. Y es que es precisamente el egoísmo lo que hace que este amor moderno tenga sus cimientos, aún cuando se dice que se actúa en nombre del otro.

En fin, es tarde y me encantaría escribir mucho más (como normalmente sucede), pero en 4 horas hay “clase” de infografía y me gustaría dormir un poco. Dormir es bueno.

Paz.

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