martes, 31 de agosto de 2010

Bess McNeill, you are a sinner and you are now consigned to hell.

El amor es una cosa obsesiva. Cuando empieza el enamoramiento todo es mariposas revoloteando, sobresaltos, sorpresas, hipersensibilidad, síndrome de abstinencia, ansiedad, ensoñación, nostalgia. Si se trata de una relación pasional, también viene la lujuria, los celos, la posesividad. El amor es ciego, y también sordo. El amor es todo lo que necesitamos, la solución a los problemas, y también el camino más rápido a la perdición. O algo así encontré en Breaking the Waves, de Lars Von Trier.

La relación Bess-Jan me suena un poco a Julieta-Romeo, claro que llevado a un escenario completamente distinto. Pero vamos, él es un 'outsider' y ella está un poco loca. Cuando creemos que Jan va a morir, aparece Bess, nuestra Julieta, a punto de morirse. Y muere. Luego ocurre un 'milagro', un detalle que rompe con la estructura que había venido modelando toda la narración: el tronar de campanas. Si en algún momento creímos que Bess alucinaba cuando 'hablaba' con Dios, el cierre parece indicar justo lo contrario. Claro que Von Trier es medio fanático de apropiarse de símbolos religiosos y reeplantearlos y, en este caso, propone la celebración divina de la entrada de una 'pecadora' en el Cielo y de su amor en la Tierra.

Mi catarsis en este film viene con Bess. Encuentro su conducta extrapolada completamente, pero creo que pertenezco a su clase de 'amante' (por llamarlo de alguna manera). Soy la que puede tener su mundo de cabeza, pero cuando estoy con la persona que quiero, todo es alegría, sale el Sol y trinan las aves en la ventana. Todo es nuevo, maravilloso y sorprendente (recordemos la escena en la que Bess y Jan van al cine a ver Lassie, así). Soy la que sufre irremediablemente con la distancia, la que siempre quiere estar de luna de miel y la que hace todo por ver a la otra persona sonreír. No soy tan posesiva, ni siquiera soy celosa, no es como que quiera a una persona 'sólo para mí, sin importar las circunstancias'.

Creo que mucho de la actitud de amor imposible o irrealizable que encontramos tanto en Romeo y Julieta como en Breaking the Waves se entiende en la frase "si no soy suy@, no seré de nadie más" (contrario a la típica obsesiva de "si no es mí@, no será de nadie"). Si tomamos esa medida para tratar de entender las relaciones amorosas, fallaríamos olímpicamente. Ambas síntesis de amor obsesivo llegan a extremos insoportables para una persona saludable (digamos, en términos emocionales y mentales). Especialmente ahora que es menos generalizada la idea de que "sólo hay una persona para cada uno de nosotros". Uno no se aferra de modo irremediable a alguien, no para siempre, no ante todas las circunstancias. Porque uno siempre tiene que seguir adelante. Sea por decisión propia, por presión social o por vil influjo progresista.

El amor tanto se puede acabar como nos puede acabar, pero como todo, siempre depende de la dirección que le demos y no tiene por qué volverse algo tan complicado y tortuoso.

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