Pues para los que creían que The Dreamers es una película sexual, In the Realm of Senses es exquisita pornografía japonesa al alcance de la mano. No, no es cierto. Pero sí es demasiado sexo para tan pocas escenas o ramas que la historia pudo haber tenido en algún momento; y para acabarla de joder, ni siquiera sé si de verdad me gustó. Vamos, estuvo chido durante los primeros minutos, pero ya después hasta se tornó un poco aburrida y totalmente predecible. Sin embargo debo admitir que eso de cortarle su indomable y vigoroso pero pequeño pene (aunque pues se ve que la doña se la pasaba bien con él, lo que reafirma eso de que lo importante no es el juguete, sino saber jugar con él), al final de la película, sí renovó un poco mi interés en ella, pero no fue tan efectivo como para decir que toda la trama valió la pena para ver el desenlace.
Pienso que es fácil obsesionarse con algo placentero, y más si ese algo es una ninfómana asiática dispuesta a hacerte pedazos cada que respiras, pero lo difícil viene cuando se confunde con amor y esas cosas que sólo complican todo. También siento que hoy en día son dos cosas que se mezclan casi sin poder definir un diferencia entre ambos, lo que hace que tantos psicólogos hayan hecho una fortuna divirtiéndose al “alinear” el camino de muchas personas que, incapaces de pensar por sí mismas, se apegan a la idea de lo que estas dos cosas deberían ser y el modo correcto en el que se les dice que deben funcionar, y fracasan miserablemente.
En fin, pues así es esto. Que pasen una buena noche acompañados de un buen sabor que les cumpla todas sus fantasías y los deje con ganas de más. Y ya de paso, pues me traen uno a mí. Vale.
Paz.
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