domingo, 5 de septiembre de 2010

El Planeta de las Moscas

Sí, la gran historia de William Golding que todos conocemos adaptada de manera sobresaliente al cine, ejemplificando de gran forma que no se necesitan más de 3 pesos para lograrlo. Excelentes actuaciones, pero sobretodo, excelentes adaptaciones de los personajes; realmente lograron encontrar a los actores adecuados para cada uno de los papeles.

Pero bueno, lo que realmente plantea la historia, es un lugar en el que un grupo de seres humanos con escasos conocimientos sobre la sociedad, pretende crear una nueva a partir de lo que se les enseñó en la escuela: que son ingleses y que el crear reglas y puestos para todos era lo que los iba a mantener con vida. Claro que no tardan mucho en aceptar su realidad y simplemente tratar de disfrutarla, a pesar de tener esa vocecita interna que les recordaba las reglas que la sociedad de la que venían los obligaba a creer. A veces es casi imposible apartar esos prejuicios de lo que se nos indica como bueno o malo, aunque lleguemos a descubrir que no tiene sentido, porque el sistema social está estructurado con un seguro que se activa en ese momento, que no sé como describirlo, pero que ciertamente te hace seguir actuando de tal o cual modo, aún sabiendo lo absurdo que es.

El punto es que aquí creo que se intenta demostrar una teoría de lo que le podría pasar a una sociedad al quedar completamente sin reglas: el hecho de volver a los instintos animales con los que nacemos y nos son moldeados, creando caos y destrucción. Y personalmente, es una teoría con la que no estoy de acuerdo. Si bien es cierto que estoy seguro de la estupidez humana, el quedar sin reglas (planteado desde una manera anarquista en la que cada quién escoge sus propias leyes), no haría que nos convirtiéramos en nuestros propios verdugos, sino que podría regresarnos a las bases de cualquier otra manada del planeta: la supervivencia.

Aunque éste es un tema muy difícil de tratar porque esta habilidad de pensar siempre terminaría llevando a algún elemento a querer lo que otro tiene. O no. El problema es que nunca lo sabremos porque jamás podremos vivir en paz con otros seres humanos; nunca ha sido así y nunca lo será. Lo que me encantaría que un día se lograra, es que se adopte verdaderamente la teoría de que, mientras no afectes a un tercero, puedes hacer con tu vida lo que desees. Y suena tan simple, que me es difícil comprender por qué diablos seguimos permitiendo que nos controlen unos cuántos estúpidos hambrientos de poder sin importar el precio. Ellos, todos los políticos, sí que afectan a terceros por conseguir sus ambiciones personales y son los que deberían estar encerrados.

Paz.

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