
Francis Ford Coppola es poseedor de un estilo narrativo contundente y poderoso. Sus chicos malos son entrañables, sus dramas demasiado épicos para ser nuestros, demasiado cercanos para no serlo. Mirar sus películas nos deja un sabor a conversación eterna con un amigo que regresa de viaje, para marcharse de nuevo y enviarnos algunas postales. Lleno de melancolía, de alienación, Ford Coppola es uno de esos directores que al exorcizar a sus mejores enemigos nos deja ver su bitácora de anotaciones.
Rumble Fish no es la excepción. Lo que nos encontramos es algo así como la versión fílmica de los apuntes que Steve, el mejor amigo de Rusty James, va haciendo en su libreta: los ires y devenires de un par de jóvenes hermanos y sus amigos, enfrentando las circunstancias adversas que los rodean tratando de resolver ese misterioso proceso que se denomina 'madurar'.
Corren los años 50 en Tulsa, Oklahoma, los tiempos de las pandillas y los motociclistas rocanroleros acaban de terminar y se empezaba a abrir paso la época de la Guerra Fría, los hippies, el arte Pop, la carrera espacial, Elvis, Disney, el blues de Chuck Berry, la sensualidad de Marilyn y canciones bajo la lluvia. Rusty James y su hermano, el 'chico de la motocicleta' pasan sus días entre peleas, incertidumbre y el mal sabor de una vida sin oportunidades. Pareciera que lo único que alegra el día de James es el tiempo que pasa con su novia, Patty, pero su conducta de rebelde sin causa lo llevará a perderla, como también perdió a su madre y como perderá a su hermano, su único refugio.
La 'juventud', como la retrata Coppola, parece un asunto de rebeldía pura, excesos, descontrol, miseria, impulsos e incluso, brutalidad. Los personaje más perjudicados en la historia son los jóvenes, quiénes en su corta visión no saben cómo manejar sus vidas. Sólo aquellos que asumen una actitud más 'madura' son los que logran sobrevivir.
Viéndolo de ese modo, creo que nuestro sentido de la juventud no ha tenido mayores modificaciones, la juventud sigue siendo la época de la vida en la que se corren los mayores riesgos, en la que se improvisa más, en la que se prueban más cosas, en la que más llegamos a los extremos... en la que más 'gozamos'. Tenemos esta noción de que mientras más salvaje sea una celebración, mejor es. La juventud es justo el periodo en el que más nos 'desinhibimos' para 'vivir cada experiencia al máximo'.
Sin embargo, creo que sí ha cambiado un tanto la contraparte a toda esa celebración de la juventud, es decir, el tipo y la cantidad de responsabilidades que se adjudica a la gente joven. Creo que en generaciones anteriores el ser joven implicaba el 'tener que crecer' para ser un 'adulto exitoso', en tanto que en nuestros días se exige que uno sea un 'joven exitoso'. Cada vez es más común ver a jóvenes (cada vez más jóvenes) que trabajan para ganar terreno en el campo profesional, para ayudar a su familia, o para tratar de tener más oportunidades. La universidad cada vez se vuelve más demandante, las relaciones se vuelven más serias y poco a poco los escalones que vamos subiendo se van haciendo más significativos.
Ser joven no es ser un adulto pequeño ni un adulto en entrenamiento. Ser joven es estar en una edad independiente de eso, aún cuando esté presente. Es una etapa de mucha confusión, sí, y de errores y nostalgias y analepsis y prolepsis. Pero por votación casi unánime, es el mejor momento de nuestra vida. Hay que salir entonces a vivirla.
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