Si pienso de soslayo en Mecánica Nacional como ejercicio fílmico general, la encuentro dominguera, palomera, y demás adjetivos para una película 'de ambiente', sin mayores pretenciones que la de entretener a un público muy general. Si lo pienso de nuevo, me detengo en el desarrollo de personajes, en la propia construcción de la historia... entonces puedo ver con mayor claridad por qué se dice que se trata de una 'comedia costumbrista' elaborada desde la premisa de un 'mural en movimiento'.
A grandes rasgos, me atrevo a decir que esta pequeña pieza de Luis Alcoriza, con sus casi 30 años de existencia, se desenvuelve exactamente como eso, como un gran retrato urbanista de la sociedad mexicana, con la diferencia de que en lugar de haber sido trazado con pinceles y brochas en un muro de tres por cinco, se trata de un melodrama que no puede dejar de ser gracioso ni sonarnos a auténtico, a fresco, a verdadero.
Mecánica Nacional es, antes que una parodia, una sátira de un México que no es tan lejano a nosotros y mucho menos se nos aparece como ajeno. Nuestros padres pertenecen a la generación que en la cinta aparecen como los 'jóvenes', las 'nuevas promesas', en una época en la que justamente dejamos de tener fe en el futuro y maniobrar más hacia un presente frenético, caótico y confuso. Apenas tres años antes de que se realizara esta película, ocurrió la Masacre de Tlatelolco. La juventud era otra cosa, algo más amenazante y al mismo tiempo, más indefenso.
Una de las críticas más directas hacia la sociedad mexicana corre en voz de uno de los personajes, quien ahogado en su ebriedad establece lo que sigue siendo una realidad: el país no avanza porque todo el mundo tranza, nadie ve por los demás, sólo por uno mismo. Y con todos empujando hacia su propia dirección es imposible lograr un progreso parejo.
Me gusta mucho el retrato de personajes. Creo que no deja de lado esta parte tan 'mexicana' de caricaturizar la realidad, de medio dejar las cosas en blanco o en negro, de que todos sean muy predecibles y que los motivos de los protagonistas nos resulten irrisorios. Pero también alcanza a dibujarnos en nuestro modo de ser contemporáneo. Las rupturas ideológicas y conductuales entre generaciones son profundas e inmediatamente discernibles. Lo primero es la fiesta y la fama, después puede haber espacio para la conexión interpersonal o el desarrollo. El sexo se sigue tratando con un pudor escabroso (porque aunque todo el mundo anda allía fuera haciéndolo, nadie habla de eso, ni quiere verlo). Las autoridades aparecen útiles cuando se les ofrece. Y como siempre, lo urgente nunca deja tiempo a lo importante.
La muerte no deja de conmovernos, de regresarnos a nuestro centro y, sin embargo, volvernos a lanzar hacia nuestro propio universo de preocupaciones absurdas. La muerte de la abuela es perfectamente evitable, pero nadie hace nada y las acciones tomadas son evidentemente insuficientes. Y al final, no nos queda más que el pesar y la lástima. Y siempre, nos quedamos en el intento, como si sólo la intención fuera a llevarnos hacia delante.
esta bueno el articulo y muy útil el dato del trasfondo de la película relacionando la nueva generación con la matanza de Tlatelolco me costo trabajo encontrar artículos que hablen de esto gracias
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