lunes, 11 de octubre de 2010

The Last Joint of Mr. Jesus

Pues qué final tan interesante el que nos presenta el tío Martin; justo cuando estaba a punto de estar totalmente decepcionado de la película, aparece este paréntesis en la historia que resume todo en lo que se basa la religión. Es éste el que hace que el resto de la película valga la pena, ya que es muy directo y además está cargado de un sinfín de significados, tan simples y lógicos como se puedan presentar, y aún así la gente prefiere condenar este tipo de cuestionamientos en vez de tomarse el tiempo de analizar lo absurdo que es todo este tema.

Lo que más me encanto, y creo que no necesita mayor explicación, es el haber posicionado al tío Jesús en un ser humano cualquiera, ¡porque precisamente eso es lo que era! Un filósofo más entre los miles que había en ese tiempo (bueno, que siempre han habido, pero éstos que filosofan acerca de la religión son los más aburridos), y de repente se le ocurrió comenzar a drogarse de más y fue cuando la gente lo comenzó a seguir, ya que antes de los 30 era un completo desconocido. Bueno, está bien, los Reyes Magos lo sabían, pero usar magia es trampa en esto de las religiones.

Pero fue gracias a ese exceso de drogas y fanatismo por los debates religiosos con sus colegas que el tipo, en su viaje, se llegó a sentir el mismísimo hijo de Dios (hablando figurativamente, ya que lo que quiso decir es que todos lo somos), y se le ocurrió de pronto que morir crucificado en nombre de todos nuestros “pecados” era una buena idea. Y pues está bien, cada quién. Pero que el resto de fanáticos hayan malinterpretado todo, no quiere decir que estamos obligados a creer, a estas alturas, en la existencia de su dios absurdo, sádico, alcohólico y machista. Es que, carajo, me es difícil creer cómo es que las personas no pueden creer en ellas mismas y necesitan aferrarse a la fe, esa invención tan absurda como exitosa, y vivir controlado física y espiritualmente. O ya si de plano la necesidad de tener una guía es inmensa, pues probar otros tantos dioses con mitología mucho más bonita y de mucho mayores recompensas espirituales. Como simplemente las que teníamos antes de ser conquistados; ¿quiénes diablos son unas personas para decir que su dios es el verdadero y no el de otros? Porque, vuelvo a lo mismo, si eso se decidiera con un concurso de creatividad, la religión judeocristiana y sus derivadas perderían por “paliza”. Y no puedo creer que sea la religión más grande del mundo. Yo pienso que en su mayoría es porque su sistema está muy bien estructurado con un no sé qué, que lava muy duro el cerebro de los feligreses para no cuestionar sus reglas.

Y bueno, como siempre le digo a mi amigo Manuel (Vic), no me den cuerda en este tema de las religiones porque nadie me para. Sobretodo si me dan un poco de dietilamida de ácido lisérgico, porque en ese estado se discuten muy sabroso esas cosas; justo como le pasó a Jesús pero con una mente más desarrollada, y si lo estudias bien, es este mismo muchacho el que te da todas las herramientas para hacerlo pedazos. Así que ya, al demonio (sí, Satán) con todo esto, ya dejaré de escribir antes de que sea demasiado tarde. O tal vez ya lo sea, no me importa. Pueden irse todos al diablo (¡son bienvenidos!). Cupo limitado. NOT.

Paz.

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