Independientemente de si Jesús de Nazaret era o no 'el hijo unigénito de Dios nuestro señor', existen pruebas históricas de su existencia. Incluso se encontró alguna vez el sudario que supuestamente lo cubrió después de su crucificción. Además, existen demasiadas referencias en las crónicas tanto judías como romanas y cristianas del hombre y sus enseñanzas, las cuales coinciden a la perfección con las dadas en la Biblia, para seguir dudando de que ese hombre vivió, hace más de dos mil años, y lo impresionante es que sus enseñanzas prevalescan y que aún a la fecha, siga siendo el ejemplo más latente de paz y amor al prójimo. Muy aparte de la religión, creo que su código moral y espiritual es uno del que tenemos mucho que aprender.
Por ejemplo, cuando dice que quería matar a todos lo que apedreaban a Magdalena, y que lo único que sale de su boca es la palabra 'amor'. Sí puedo imaginarme a un 'maestro perfecto' así, alguien que, aún después de ver lo que podría ser su vida si no hubiera sido nombrado 'el Mesías', con esposa, hijos, haciéndose viejo, decide aceptar su destino, con gusto, creyendo fielmente en que su muerte habría de traérle algún bien a la humanidad. Alguna vez me dijeron que a Jesús necesariamente tenían que crucificarlo para matarlo, porque había tanta fuerza en su ser que no había otra manera de hacer que su esencia abandonara su cuerpo. Tal vez, tal vez sea cierto. Tal vez sea tan sólo lo que queremos creer de él.
Creo que lo que más me gusta de The Last Temptation... es que nos muestra a un hombre, como todos nosotros, que logra trascender su ira, para convertirse en el símbolo de su propia búsqueda. Pienso que cualquiera puede identificarse con las facetas, las reacciones, los pensamientos y las ideas a las que va llegando Jesús conforme avanza el film. Es un pecador, como todos, es egoísta, como todos, pero lo que lo distingue de los demás es que es capaz de seguir su fe hasta el final. Cuando uno cree en algo, es capaz de todo. Y no sólo cuando se cree en un dios, sino en cualquier cosa. Como cuando llegas desproporcionalmente tarde a un concierto, y de algún modo misterioso, consigues llegar hasta delante. O mejor, cuando después de dos días de Vive Latino, uno sigue estando aferrado a la barra del frente, contra todas las expectativas, impulsado por una fuerza sobrehumana que sale de quién sabe dónde. Ese es el tipo de fe que ahora mueve nuestras montañas.
Lo que tenemos ahora no son religiones en forma. Todos nos cansamos de seguir sistemas de credo que tienden a la decepción o el fanatismo. En estos días, lo común es que cada quién ejerzca su propia doctrina, en la que Dios puede ser el ente más poderoso de la Tierra o tu mejor amigo, o una abejita o una mosca o, incluso, uno mismo. Jesús el nazareno mismo, al menos para Scorsese, lo dijo: "I AM GOD".
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