Lo que sí está increíble, es que este tío Christian Poveda se haya atrevido a filmar este documental del modo en el que lo hizo, y realmente lograr mostrar este lado humano de los maras que uno no se imagina. Logra sólo dejar más preguntas a cerca de su violencia tan característica.
Finalmente, pues remarcar que de todas las subculturas que han existido, la más cool fue la hippie y es la única que realmente promovió la paz… y prefirieron ignorarlos. No sólo eso, sino que los muy idiotas la convirtieron en el mainstream, como si éste fuese un cliché del destino de las subculturas, interpretándolo como una moda banal y lucrativa y dejando totalmente atrás la revolución tan hermosamente simple que planteaban. Whatever happened to sex, drugs, and rock&roll? Now we just have AIDS, crack, and techno…
En fin, eso es todo amigos. Ah, y si alguien llegó a leer hasta este punto de mi ensayo, debería también leer el de ese pequeño niño oriental Horiuchi-San, porque tiene un par de recomendaciones que me parecen indispensables para toda persona en contra del LSD, que se considere de mente abierta, en armonía con su ser y en contacto con la naturaleza, porque no sabe lo que dice.
Paz.
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