lunes, 4 de octubre de 2010

La Vida Loca, Perro.

Miren, pues no entendí como nada de la trama de la película, mejor entendí cosas como que usaron el mismo track en más de tres ocasiones, o que me terminaron por desesperar los balazos previos a cada asesinato. Y pues nada, que qué hueva todo eso de la violencia, ¿no? Hostia, y no me gusta repetir lo que siempre digo, pero es que de verdad la mayoría de los conflictos históricos de la humanidad han partido o por la religión, o por la prohibición del ejercicio de la libertad (sí, incluyendo el derecho a drogarse sin ser mal viajado). Y estos salvadoreños no son la excepción. Cada cultura (o subcultura) ha modelado sus ideales para transformar a su dios (o dioses) de la manera que más les convenga para justificar sus acciones. Aunque ahora que lo pienso, creo que el dios que más ha sido manipulado y más pedos ha creado en toda la historia es ese tal dios que sólo se llama Dios, y cuya historia es súper aburrida. Por eso sigue creando confusión entre los que lo siguen y por eso se ha dividido en tantas religiones aparte. Pero me desvío un poco del tema, mejor eso lo platicamos luego.

Lo que sí está increíble, es que este tío Christian Poveda se haya atrevido a filmar este documental del modo en el que lo hizo, y realmente lograr mostrar este lado humano de los maras que uno no se imagina. Logra sólo dejar más preguntas a cerca de su violencia tan característica.

Finalmente, pues remarcar que de todas las subculturas que han existido, la más cool fue la hippie y es la única que realmente promovió la paz… y prefirieron ignorarlos. No sólo eso, sino que los muy idiotas la convirtieron en el mainstream, como si éste fuese un cliché del destino de las subculturas, interpretándolo como una moda banal y lucrativa y dejando totalmente atrás la revolución tan hermosamente simple que planteaban. Whatever happened to sex, drugs, and rock&roll? Now we just have AIDS, crack, and techno…

En fin, eso es todo amigos. Ah, y si alguien llegó a leer hasta este punto de mi ensayo, debería también leer el de ese pequeño niño oriental Horiuchi-San, porque tiene un par de recomendaciones que me parecen indispensables para toda persona en contra del LSD, que se considere de mente abierta, en armonía con su ser y en contacto con la naturaleza, porque no sabe lo que dice.

Paz.

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