martes, 16 de noviembre de 2010

¿por qué no me avisaste que te habías muerto?

El imperio de la fortuna es el nombre de un cuento de Juan Rulfo que relata el ascenso y la caída de Dionisio, un discapacitado que vive en la miseria cuya suerte cambia después de que Lorenzo le regala un gallo de pelea moribundo; empieza a hacer fama y fortuna, las cuales son perpetuadas por la bonanza que le trae Bernarda, su 'talismán'. Este relato es retomado por el director mexicano Arturo Ripstein y su esposa, la guionista Paz Garciadiego, quienes realizaron en 1986 la película con el mismo nombre.

En su momento, la película arrasó con los premios Arieles y fue sumamente elogiada por la crítica especializada, así como por el público general aunque no tuvo éxito particular en lo comercial. Uno de los detalles notables con respecto a su realización fue el uso íntegro de locaciones, ningún set fue empleado, todos ellos en el estado de Tlaxcala, en el centro de la república. Quizá esto ayude a comprender la naturalidad con la que se desenvuelve el film, ya que se nos presenta como tradicionalista sin llegar de un modo extremo al cliché o a los estereotipos a los que solemos enfrentarnos cuando de cine nacional se trata.

Dionisio es un hombre común, muy mexicano en su conducta de nuevo rico, de suertudo fanfarrón, que impone su propia ley en tanto que detenta el poder económico. Hombre de apuestas, pierde todo del mismo modo que lo gana, en un juego de cartas. Su caída se viene anunciando con mucha anticipación y ni él ni nadie hace nada para detenerlo, como si tal fuera la suerte predeterminada de quiénes se enriquecen fácilmente. Un poco así es el carácter del 'mexicano', no ahorrar, no prever, derrochar cuanto posee en ese momento, en pos de una posición y un status social.

El personaje de Bernarda me llama mucho la atención en tanto que planteamiento de mujer independiente que decide someterse a los deseos y caprichos de su marido. Intenta escapar, pero sus anhelos de libertad se ven restringidos por la incapacidad de sostenerse económicamente cuando ya es 'vieja' y no puede competir contra el resto de las mujeres del negocio. "La camponera" es un vivo reflejo de lo que se denominó las 'chinas poblanas', mujeres que administraban licenciosamente su vida sexual y sentimental, toda una contracultura para su época. Su hija, Bernardita, acaba por adoptar el mismo camino, también se convierte en cantante y va sosteniendo relaciones con quien le place, aunque un poco más censurada por la moral pública.

En breve podríamos decir que El imperio de la fortuna es una película que nos deja con un sabor de boca sobre 'lo mexicano' menos costumbrista y un tanto más contemporáneo, aunque su realidad no termine de empatar con la nuestra por situarse en la provincia, donde la vida se maneja de un modo muy distinto al nuestro. Nosotros no podemos imaginar a una chica que viene a acusarnos con nuestro padre de adulterio, acompañada de su cónyugue, ni mucho menos esperamos ver a nuestras madres encerradas en nuestras casas, en un rincón, añorando los viejos tiempos en que eran solteras y libres.

No creemos en la 'providencia' del modo en que se muestra en la historia, donde todo depende de la buena suerte, aunque sí solemos abandonar algunas cuestiones al azar y 'al momento'. Creo que eso es algo que está muy latente en la película y en nuestra cotidianeidad: el 'vivir para el momento', sin considerar lo demás, sin pensar en las consecuencias, sólo aprovechar el presente en el que estamos insertados al máximo, esperando que mañana tengamos la misma suerte que hoy cuando estamos bien y felices. En ese sentido, sí, México sí es una nación que vive en, para y por la fiesta, ya sea que se trate de un sendo pachangón o de un breve encuentro relajado con nuestros amigos, eso es siempre lo más importante para nosotros, el arte de la reunión.

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